Coelogyne speciosa

Cuántos habremos caído en esta afición por una Phalaenopsis en la cocina?

Un regalo de aniversario que nos hipnotizó con su belleza simple. Una compra irreflexiva fruto del amor a primera vista a través del frío vidrio de una floristería de barrio. Un “no te preocupes, yo te la puedo cuidar”...

Esa primera “Phal” que ha sufrido de mesa en mesa hasta encontrarle la mejor luz, el solecito mañanero que entra por la ventana de la cocina.


Después llegaron un par más.


UNA PHALAENOPSIS EN LA COCINA


Más tarde el descubrimiento de que hay orquídeas que parecen moscas con alas de colores, pulpos con manchas imposibles, calamares suspendidos en el aire y muchas otras cosas, si sabes verlas.

Pasaron a diez, a cincuenta, a más... a un número inconfesable.

Vinieron los keikis, las divisiones, los cortes de rejuvenecimiento, la polinización.


Y entonces pasó, después de comer mucha mermelada, llegó el IN VITRO

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