Tener una orquídea no es tan difícil como parece. Lo importante es el cuidado que se le proporcione.
Posiblemente muchas personas habrán intentado tener en su casa o jardín una orquídea, aquellas flores de diversos tamaños y colores que pueden ir desde el blanco al azul y que por su singular belleza son bien cotizadas en el mercado.

Tal vez por la falta de conocimiento de esta planta y los cuidados que deben dársele, algunos desisten de adquirirla y cultivarla.

Para preservar las orquídeas naturales, el mercado ofrece una variedad de orquídeas híbridas, planta manipulada genéticamente en laboratorios para obtener flores de mejor textura, color y tamaño.

En Guayaquil, alrededor de 300 personas cultivan la orquídea híbrida. De este total, 100 son orquideólogos que pertenecen a la Asociación Ecuatoriana de Orquideología, que incursionó en la importación en 1979, y el resto son aficionados”, dice el biólogo James Pérez, director de la fundación  Jardín Botánico.

Estos híbridos se pueden adquirir en  exposiciones que realiza el gremio o a los que se dedican a su cultivo. Mientras que las naturales solamente se las puede comprar a las personas que tienen los respectivos permisos del Ministerio del Ambiente.

En estado natural, la orquídea crece  adherida sobre ramas y troncos de árboles o arbustos a diferentes alturas, aunque hay otras especies terrestres que crecen bajo la sombra, las rocas o en medio del musgo en los cortes de la cordillera.

En Ecuador se registran 4.000 especies, de las cuales 1.200 son endémicas (solo crecen en determinadas zonas del país). De ese total, 506 son nativas de la Costa y se distribuyen a una altura que va de 0 a 900 metros sobre el nivel del mar.

Al país llegan orquídeas híbridas de países  como Tailandia y  Singapur, Estados Unidos y Colombia. El aficionado opta por adquirir el híbrido con flor a precios onerosos, porque se siente atraído por su extraña forma y belleza. En cambio, el cultivador compra la planta pequeña y sin flor porque solo le basta con leer la etiqueta donde se indican los géneros que la componen y son más económicas, dice Pérez. Lo importante, agrega, es aprender a reconocer el género y  el cuidado  que requiere para que la planta sobreviva y florezca.

En Guayaquil, las híbridas tropicales (viven en temperaturas de 18° y 34°) que más se comercializan son la Cattleya, Vanda, Dendrobium, Phalaenopsiss, Oncidium y Brassabola.

Estas orquídeas, dependiendo la especie, se venden en macetas con un sustrato  que imita su medio natural. Otras se expenden adheridas con sus raíces en ramas de café, corchos o cortezas de árboles  obtenidas en los aserríos y que actúan como su sustrato.

Pérez señala que la clave en el mantenimiento de las orquídeas híbridas  está en el control de  luz, agua y humedad, según el género. También en la aplicación de fertilizantes y control de insectos. “La inversión en el cuidado no es tan alto  como el costo de la planta que con flor bordea entre 15 y 25 dólares”, indica.

Muchas personas cultivan orquídeas para admirar la belleza de sus flores y otras para la venta de esas flores a las florerías.

Las orquídeas son las plantas más evolucionadas, por las adaptaciones que tienen en sus órganos florales para atraer a los animales polinizadores y la adecuación al medio donde se desarrolla.